Después
de una pequeña ausencia, estoy de regreso. Entre tantas cosas que tenía
enredadas me tomé un tiempo para hacer las cosas bien.
Buenos
Aires tiene vida propia… Desde el primer día que llegué la verdad que no deja
de sorprenderme. La oferta cultural es muy amplia, hay de todo y para todos los
gustos. Definitivamente la persona que se aburra estando en Buenos Aires es
porque no pone atención a todo lo que hay para disfrutar.
Hoy
quiero contarles de las pequeñas cosas que no muchos pueden ver…
Cuando recién
llegué a Buenos Aires, nos fuimos a vivir al barrio de Caballito y una de las
cosas que más llamó mi atención fue ver la cantidad de gente que visita los
parques. A escasas dos cuadras de mi casa estaba el parque Rivadavia, lleno de
vida. Me encanta que todo el año es verde, hay grupos de personas que se reúnen
en la mañana a hacer ejercicio: otros toman clases de patinaje, Tai chi, etc. Mas
tarde se ve a los chicos que van a patinar en roller y en patineta, la feria de
libros está abierta casi todo el día y al lado se encuentran las mesas de truco
y ajedrez, desde temprano hay señores de todas las edades jugando. Durante todo
el día hay gente tomando mate en el jardín pero, especialmente a la tarde se
pueden ver los grupitos de amigos que hacen rondas para charlar y pasar el
tiempo. También se ven los grupos de teatro y música que se reúnen a ensayar, a
partir de septiembre se escuchan los grupos de murga que practican para el
verano. Algo que todavía no puedo superar es la calesita (es decir, me parece
muy lindo), …para nosotros el carrousel. Por la tarde van las mamás con sus
nenes y los suben a la calesita, es increíble la cantidad de sonrisas que se
ven alrededor.
Ya por la tarde, a la hora de la merienda y cuando muchos están de regreso en casa, conseguir mesa en un café es un desafío. He de reconocer que si bien hay muchos jóvenes admiro la cantidad de personas mayores que hay por la calle y que viven al mismo ritmo que cualquier persona, sencillamente es algo admirable.